23 PRINCIPIOS INFALIBLES para crear lealtad, unión y fuerza.

El método de liderazgo más sólido y novedoso explicado a través de una historia real que no podrás dejar de leer. Sumérgete en los vertiginosos sucesos de:

Una escuela al borde del colapso.
Un equipo sin pasión ni compromiso.
Una familia que debe aprender las lecciones más profundas de la vida.

Liderazgo de poder te sacudirá, inspirará y recordará por qué vale la pena seguir cuando todo parece perdido. Pero, sobre todo, te enseñará cómo reconstruir lo que amas, guiar a los tuyos y convertirte —junto a tu equipo— en una fuerza imposible de detener.

PRINCIPIO 1

CONTROL DE LA ENTROPÍA

¿Diriges gente? ¿Eres coordinador, supervisor o maestro?, (por cierto, en este libro usaremos el idioma castellano de forma correcta: los sustantivos primigenios significan “personas de ambos sexos”; cuando, por ejemplo, decimos “coordinador, supervisor o maestro”, nos referimos TAMBIÉN a “coordinadoras, supervisoras y maestras”). Va de nuevo: Eres ¿director, entrenador, capacitador o encargado de un equipo? Entonces, este libro es para ti. No importa cuántos discípulos tengas, o cuántas personas dirijas o reporten contigo; si parte de tu trabajo es instruir a otros para que hagan algo, este libro le dará PODER a tu LIDERAZGO.

Empecemos con la triste realidad. La gente que diriges está distraída, desconectada, desmotivada; ha perdido la capacidad de pensar; no lee libros (como tú) solo ve videos cortos en el teléfono, y delega su razonamiento a la inteligencia artificial. Casi todas las personas siguen tendencias y pensamientos ajenos. Además, son depresivas, reactivas, propensas a ofenderse y desalentarse. Por cualquier detalle se sienten heridas. Les gusta repasar y exagerar los malos tratos que sufrieron; hablan de sus dolencias y sus sufrimientos. Muchas se vuelven en tu contra, hablan mal de ti, desacreditan tus logros, susurran comentarios tóxicos sembrando desconfianza y división. Y aunque seas su maestro, director o entrenador, te critican como si ellos supieran más que tú.

David Dunning y Justin Kruger en su libro Incompetentes e inconscientes de ello. Revelan un sesgo psicológico muy común: “los ignorantes tienden a creer que saben y pueden hacer mucho más de lo que realmente saben y pueden hacer”. Se llama EFECTO DUNNING KRUGER. Es la falta de capacidad de los individuos para reconocer su propia ineptitud. Así, las personas de tu equipo que apenas saben un poco creerán que saben mucho; incluso se negarán a aprender o a ser capacitadas porque, siendo inhábiles, se proclamarán expertas e impondrán opiniones como si fueran leyes.

Poco análisis y mucha exaltación. En las democracias populistas, millones de votantes apoyan con entusiasmo a dictadores abusivos; obnubilados por sus promesas se transforman en espías de sus propios compatriotas. Igual que en la revolución francesa cuando la turba mandaba a inocentes a la guillotina gritando “¡traidor!” sucede ahora en equipos de trabajo (y redes sociales). ¡Gente con razonamiento perezoso se deja llevar por influyentes amarillistas! Hacen turbas de protesta y linchamiento sin pensar.

Es una realidad objetiva: todo grupo humano se deteriora. Lo dice la segunda ley de la termodinámica. La entropía de cualquier sistema evoluciona hacia un estado de desorden y menor energía utilizable. Es científico. Cualquier sistema (auto, casa, aparato, mueble, familia, pareja, grupo humano) se deteriora. A menos que se le dé mantenimiento activo.

Hace poco visité el vecindario donde crecí. Pensaba ver la belleza del pasado. Encontré lo contrario. Todo estaba desgastado, despintado, deshumanizado. Lo bello había desaparecido. Incluso los vecinos se habían vuelto sucios, desconectados, ausentes. Confirmé con tristeza la ley del deterioro. Si no le damos mantenimiento activo a las cosas, mueren.

Por eso, querido lector, toma el timón del barco. Tus colaboradores no suelen ser malas personas. Solo que reaccionan desde el miedo y a veces desde la herida. En vez de buscar soluciones, se derrotan. En vez de razonar, se dejan llevar por las opiniones ajenas. Sucede siempre. Debes estar alerta. Porque si permites que la negatividad sea normal, tu proyecto se vendrá abajo. No puedes ser ingenuo o negligente. Necesitas convertirte en estratega.

PRINCIPIO # 1. Todo sistema se deteriora y desorganiza con el tiempo. El buen líder sabe que la única forma de evitar que el proyecto colapse es dándole mantenimiento activo y permanente al equipo. Su presencia física y moral (a través de un manual operativo) es clave para el mantenimiento diario.

De eso se trata este libro; de encontrar las fallas del sistema y crear un modelo de corrección a tiempo. Los principios te llevarán, paso a paso, hacia un liderazgo más eficiente. Por eso, estúdialo, subráyalo, tómalo en serio. Es un mapa del tesoro que te dará poder y transformará a tu equipo.

Hace un año que Riky salió del hospital. Sanó de leucemia. Pero Felipe y su familia dejaron cuentas pendientes. Ahora Felipe y Riky deberán enfrentarse a Lobelo y su temible perro Rottweiler; emprenderán la búsqueda de un familiar perdido, descubrirán los oscuros secretos de un circo, develarán el misterio de una casa abandonada y Felipe se enamorará por primera vez.

EL LIBRO INCLUYE GUÍAS DE APRENDIZAJE con recursos poderosos de acción y reflexión para que lectores de todas las edades encuentren la mejor versión de sí mismos.

LA DIRECTORA
UN CAMPEÓN NO SE QUEDA CALLADO


Estaba nervioso. La directora de nuestra secundaria me lla- mó al frente. Había muchas personas viéndome: todos mis compañeros y algunos padres invitados. Los míos en prime- ra fila.
—Ya conocen a Felipe —dijo la directora—, él escribió una historia que les va a presentar. Pronto estará disponible en Internet, para que la puedan leer.
Me dio el micrófono. Pasé al centro del escenario. Las piernas me temblaban.
—Yo… yo —dije titubeando—, escribí un blog que voy a seguir trabajando hasta convertir en libro. Basado en he- chos reales. ¿Se acuerdan de… —iba a decir el nombre de Lobelo, pero no quise verme como acusón—… un compa- ñero que nos molestaba mucho el año pasado? Él tenía un perro Rottweiler. Hizo que su perro me mordiera en frente de mis compañeros en una fiesta. Casi me mata. También, un día, me encerró en el sótano de la escuela y pasé toda la noche ahí en la oscuridad.
Mis amigos me observaban con los ojos muy abiertos; algunos sabían bien la historia. No quise contarles que el papá de Lobelo, un hombre malo, le enseñó a su hijo a robar y que la policía lo detuvo.
—Pero cuéntales más, Felipe —dijo la directora—. Yo ya leí tu historia y en ella platicas que conociste a un ángel.
Se escuchó un fuerte murmullo.
—Sí, bueno, creo —titubeé—. Conocí a una joven muy bo- nita que me dio consejos—, los murmullos se convirtieron en silbidos—. Se llamaba Ivi. Pensé que era una persona, pero después me di cuenta de que era algo más.
—Un ángel con alas —gritó alguien, burlándose.
Me quedé mudo. Si seguía hablando, se mofarían de mí. Nadie me iba a creer.
—Bueno —revelé los nombres—, Lobelo y su papá quisieron hacerme daño. Pero Ivi y sus amigos me protegieron.
Hubo carcajadas y cuchicheos. La directora trató de calmar a mis compañeros. Bajé del estrado y fui a sentarme junto a mi papá. Me palmeó el brazo.
—Lo hiciste bien.
No era cierto. Lo hice terrible. Cuando
todos los alumnos regresaron a sus salones, la
directora nos pidió a mis papás y a mí que pasáramos con ella a su oficina. Ahí nos dijo:
—Felipe. No te sientas mal. Es mucho más fácil burlarse, como ellos lo hacen, que atreverse a escribir una historia y publicarla. Yo la leí y me gustó. Eres muy joven y ya estás haciendo cosas importantes. Además, para ti, todo lo que escribiste es verdad y eso es muy bonito.
Su comentario estaba cargado de duda.
—¿Usted también cree que mi historia es una fantasía? —No importa lo que yo piense. Si para ti es real, entonces lo es.
—Es real.
—Pues no te avergüences, Felipe. A los jóvenes no les gus-
ta decir lo que les pasa y lo que piensan, porque le tienen miedo al rechazo. Tú no. ¡Y eso vale oro! Si tienes algo que decir, no te quedes callado. A ver repite conmigo. Tengo algo que decir, no me quedaré callado.
Ella también daba clases y le gustaba hacer esos ejercicios de participación con sus alumnos. Repetí:
—Tengo algo que decir, no me quedaré callado.
—¡Muy bien! ¡Siempre expresa tus pensamientos, sentimientos, y derechos! Tu historia es poderosa, Felipe. Me gusta mucho que seas un joven que piensa cosas profundas y se atreva a decirlas… vas a llegar muy lejos.—Gracias, directora.
Nos despedimos y caminamos hacia la salida de la oficina. Antes de que nos fuéramos la maestra nos preguntó:
—¿Ya saben que Lobelo regresó?
Nos detuvimos en seco. Mi mamá giró y dijo:
—¿Cómo? —hizo memoria—. A ver. Cuando metieron a su
papá a la cárcel, Lobelo se fue con su mamá a otra ciudad. —Pues el muchacho no quiso permanecer con ella. Y es- capó; trabaja lavando coches en un local. También su papá
escapó de la cárcel. Pensé que debían saberlo…
Nos quedamos helados. Después de unos segundos, mi
padre comentó:
—Gracias por decirnos —frunció los labios—, ellos son un
peligro para nuestra familia. Casi matan a mi esposa y a mi hijo —pensó—. Si andan cerca, tal vez quieran vengarse…
La directora nos tranquilizó.
—No creo que el papá de Lobelo se aparezca. Es un pró- fugo… El que sí está muy cerca es el joven Lobelo.
—Seguramente está muy resentido.
—Necesitamos hablar con él —dijo mi mamá—, hacer las paces. No podemos vivir escondiéndonos.
—Sí —dijo mi papá—. Lobelo sabe dónde vivimos. Si quiere hacernos daño, nos encontrará. ¿Dice que trabaja lavando coches?
—Ahí lo vi —contestó la directora—, llevé mi auto y lo vi. Nos saludamos. Se veía sucio, descuidado y enojado.
Mi padre dijo: —Vamos a verlo.

 

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